lunes, 15 de octubre de 2007

HA NACIDO UN NIÑO


... y ha nacido grande y sano. Ha traído la felicidad a sus padres, pero sobre todo la tranquilidad.
Porque el embarazo ha sido un sinvivir desde que un médico equivocara el diagnóstico y dijera a la madre que, a la vista de las ecografías, había una altísima probabilidad de que el niño tuviera síndrome de Down. Esa fue la primera de una serie de negligencias, por decirlo suavemente, que hubieran acabado en aborto, de no ser por la decidida voluntad de los padres. Y la única disculpable, porque de humanos es equivocarse. El resto no tiene justificación posible.
La segunda fue informar a la madre de la supuesta anomalía, cuando ella había manifestado, expresamente y antes de las pruebas, que no quería saberlo, que quería tener a su hijo.
La tercera fue encaminarla decididamente hacia el aborto preventivo, antes de que se cumpliesen las catorce semanas.

Y la cuarta fue perder durante varios días los resultados de las pruebas (amniocentesis y otras) realizadas con posterioridad al primer diagnóstico para ratificarlo o desestimarlo. ¿Pueden imaginarse la angustia de una madre, a la que nuestro sistema sanitario público está empujando a abortar, y a la que, en su momento de mayor duda, se le niega el menor atisbo de esperanza que pudiera venir de unos resultados analíticos?

Ésta es la sanidad que pagamos con nuestros impuestos. Éste es el maravilloso SESCAM, orgullo del gobierno de Castilla-La Mancha, que nos dice que es uno de los mejores sistemas públicos de salud de España. Y ésta es la ética dominante.

Casos como éste nos reafirman en nuestra oposición a un gobierno que trata de imponernos su deshumanizada moral a través de la Educación para la Ciudadanía. Es un ejemplo paradigmático de todos aquellos aspectos de la nueva asignatura que tanto criticamos: relativismo moral; positivismo jurídico; intromisión en las decisiones morales de la familia; desprecio por el más importante de los derechos humanos, el derecho a la vida...

Unos padres, gracias a sus convicciones morales, han salvado la vida de su hijo antes incluso de traerlo al mundo. En unos años, si se llega a consolidar la EpC, a ese niño le enseñarán en la escuela las razones por las que no debió nacer, por las que debería haber sido asesinado en aplicación de unos valores democráticos, comunes, laicos, feministas, progresistas, globales y pacíficos.

¿Somos conscientes de lo que nos jugamos?

Todo esto ha ocurrido en Ciudad Real, en este año de gracia de 2007.

Manuel – Foro Ciudad Real en Libertad

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